Organizar un evento masivo no es cosa menor. Es como armar un rompecabezas gigante donde cada pieza, la logística, la producción, los proveedores, el venue y la experiencia del invitado tiene que caer en su lugar sin que nada falle. Y cuando todo se sincroniza, ahí es donde ocurre la magia.
Este 2025 aceptamos uno de esos retos que te hacen sacar la mejor versión de tu equipo: la fiesta para Ricardo Salinas. Más allá del nombre y los reflectores, lo que realmente hizo icónica esta producción fue la planeación.
Antes de pensar en luces, escenarios o ambientación, tocó definir la experiencia completa: ¿Qué queremos que sientan los invitados? ¿Cómo se mueve el evento? ¿Qué pasa antes, durante y después?
Coordinar proveedores, tiempos, montajes, pruebas técnicas y seguridad que no perdona errores. Cada minuto cuenta.
El diseño de espacios, los puntos de interacción, la ambientación y los momentos clave hacen que los asistentes digan: “wow, esto está brutal”.
Donde los equipos corren, conectan, ajustan y aseguran que todo fluya como si fuera fácil… aunque detrás haya un ejército sincronizado.
Porque al final, un evento masivo no se mide por las horas de montaje ni por la cantidad de equipos involucrados, sino por la experiencia que deja en la gente.
Y sí, este proyecto nos dejó orgullosos. No por el tamaño, sino por la precisión, el reto y la vibra que se generó.